Para lanzar un satélite no basta con diseñarlo y producirlo. También hay que ensayarlo y comprobar que todo funciona como fue previsto. Para esto, ARSAT e INVAP crearon en 2010 el Centro de Ensayos de Alta Tecnología (CEATSA).
Ensayo del ARSAT-1

Antes de la creación de CEATSA, los satélites argentinos de observación se ensayaban en el Laboratorio de Integración y Test (LIT) del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE), de Brasil. El diseño y la producción en nuestro país de los satélites de telecomunicaciones cambiaron la situación, porque allí no había capacidad instalada para ensayar satélites GEO. En este contexto, una posibilidad consistía en realizar en Europa las campañas de ensayo (que duran seis meses), con los altos costos de transporte del personal y los satélites geoestacionarios y de seguro. Por estas razones se creó CEATSA, operativo desde fines de 2012 y con sede en Bariloche, conectado con el edificio de integración satelital de INVAP. Posteriormente, el LIT aumentó su capacidad y se convirtió en el segundo laboratorio para realizar ensayos medioambientales en satélites de esta magnitud en Latinoamérica.

Con la creación de CEATSA se logró evitar los costos de ensayar el ARSAT-1 en el exterior, retener el control programático de las campañas y completar todo el ciclo de desarrollo de los satélites GEO en el país. Para el caso puntual del ARSAT-1, los ensayos tuvieron lugar entre octubre de 2012 y febrero de 2013 e involucraron tanto al modelo estructural como al modelo de vuelo, la máquina que efectivamente va a viajar al espacio.

Primeros test

En INVAP también tuvo lugar la realización de los primeros ensayos al satélite. Estos fueron: el Shogun Shock Test y el test de desprendimiento, realizados en conjunto con Arianespace, empresa a cargo el lanzamiento del satélite, el ensayo del subsistema de propulsión Global Leak Test, de funcionamiento eléctrico ISEPET y de revisión previa a los ensayos ambientales PER.

Ensayos ambientales

A los fines de comprobar la funcionalidad del satélite, fue necesario recrear las condiciones de vacío y temperatura del espacio exterior. Para ello se utilizó la cámara de termo-vacío de CEATSA. La cámara, que es de forma cilíndrica y mide 5,6 metros de diámetro y 6 metros de largo, cuenta con un sofisticado sistema de bombeo de aire que reduce la presión de su interior a niveles 10.000 millones de veces inferiores a los de la presión atmosférica. También cuenta con un sistema de enfriamiento basado en el uso de nitrógeno líquido que permite llevar la temperatura a los -170 grados. Esta prueba, realizada entre octubre y noviembre de 2013, fue perfectamente superada por el ARSAT-1.

También se simularon las vibraciones mecánicas del cohete en el que será lanzado el ARSAT-1 y las vibraciones acústicas (ruido) que en esa instancia también podrían tener consecuencias negativas en el funcionamiento del satélite. Para lo primero se utilizó el shaker de CEATSA que tiene la mayor capacidad que se puede encontrar en el mercado (para utilizar uno de mayores dimensiones habría que recurrir a shakers especialmente diseñados y construidos para tal fin). Este shaker, de 50 toneladas, admite dispositivos de ensayos de hasta 5 toneladas, sobre los cuales se pueden imprimir fuerzas de hasta 290 kilonewtons. En lo que hace a las vibraciones acústicas, se utilizaron 1.000 parlantes especialmente provistos para la industria aeroespacial, con un rango de frecuencias que va desde las decenas de hertz a algunos kilohertz. Los ensayos del ARSAT-1 se realizaron a poco más de 140 decibelios, diez veces más potencia en ruido que la que produce una turbina de avión.

Aparte de los ensayos de vibración (enero de 2014) y acústicos (febrero de 2014) y de los de termo-vacío, que el ARSAT-1 pasó exitosamente, también se realizaron en CEATSA sus pruebas de propiedades de masa, compatibilidad electromagnética y medición de antenas, todas de acuerdo a los estándares exigidos por la industria aeroespacial.